La tecnología también puede batir records en el deporte

Viernes, 14 Abril 2017
por Miguel Brito

Sería difícil evaluar su incidencia, pero a estas alturas del partido nadie cuestiona ya la importancia del Big Data y de las aplicaciones tecnológicas en el rendimiento deportivo. La tecnología se ha convertido en un factor determinante en los deportes de élite. Las raquetas de Rafa Nadal, las bicis de Alejandro Valverde o los werables de la campeona de natación Mireia Belmonte, por no hablar de las motos o de los coches de la Fórmula 1, facilitan la práctica deportiva.

Durante la presentación del equipo ciclista Movistar Team, Chema Alonso, Chief Data Officer de Telefónica, explicaba a los periodistas cómo el Big Data, a través del programa LUCA – la unidad de Big Data de Telefónica -, utiliza todos los datos generados en carrera para apoyar la planificación de entrenamientos de cada corredor y proporcionar nuevas variables de decisión críticas en la estrategia de competición.

Pedro de Alarcón, científico senior del programa LUCA, también recordaba hace unos días en el diario “El País” que el equipo Movistar manejó entre 22 y 25 millones de datos durante la última Vuelta a España, sólo referidos a ocho de sus corredores. Durante la preparación de la temporada, un ordenador portátil acoplado a las bicicletas de Nairo Quintana, Alejandro Valverde y compañía “recoge los datos de los sensores a un ritmo de una muestra por segundo” para conocer con precisión el rendimiento del ciclista y así poder intentar mejorarlo.

Las nuevas herramientas tecnológicas pretenden, en opinión de Pedro Alarcón, conseguir el ciclista científicamente perfecto, aunque existen imponderables, como las piernas, las condiciones meteorológicas o las cuestiones anímicas que hacen imposible lograr al cien por cien el objetivo. Sin embargo, una cosa está clara: la tecnología se ha convertido en imprescindible tanto en los deportes individuales como en los de grupo.

El viejo oficio de ojeador – profesional que busca y rastrea en los terrenos de juego la estela de futuras figuras – está siendo suplantado por la inteligencia artificial y los sistemas más sofisticados de monitorización. La intuición se va apartando del camino para dejar paso a la tecnología. Un “software” dotado de algoritmos inteligentes ofrece mucha más fiabilidad que el buen ojo o la experiencia de profesionales de cualquier especialidad deportiva.

Las estadísticas y los vídeos, al menos en el fútbol, juegan todavía un papel destacado a la hora de decidir contratar a un nuevo jugador, pero ya empiezan a tener que competir con herramientas más eficaces, como un “software” inteligente, desarrollado por la compañía ASI Data Sciencie, que permite encontrar jugadores de unas características similares a las de la estrella del momento. Y solo basta con sólo introducir en el ordenador el nombre de esa estrella que parecía irrepetible.

Pero no sólo del fútbol viven las empresas punteras en desarrollo tecnológico enfocado al mundo del deporte. En natación, por ejemplo, se están imponiendo los dispositivos “wearables” y sensores que generan y facilitan infinidad de datos sobre un determinado nadador o nadadora. Informaciones que permiten monitorizar sus movimientos; detalles que ayudarán después a corregir los errores y defectos que le impiden mejorar sus marcas.

Hasta en el boxeo, que es un deporte en estos momentos minoritario, se están incorporando sistemas para monitorizar el desarrollo de los combates. De tal forma que los jueces puedan saber antes de levantar el brazo del ganador el número de golpes propinados y recibidos por éste durante la pelea. Incluso se puede conocer si todos esos golpes han sido ejecutados de forma legal, siguiendo las normas que marca el reglamento.

Enumerar aquí algunos de los inventos y artilugios que facilitan la práctica deportiva, de forma voluntaria o profesional, sería demasiado extenso. Incluso tedioso. Pero, como muestra, se podría destacar entre las novedades la incorporación en el mercado de un monitor de pulsaciones integrado que mide el ritmo cardíaco con unos auriculares, a través del oído interno. O un sistema – comercializado bajo el nombre de Jabra Sport Pulse – que sirve para entrenar siempre al nivel de intensidad adecuado, con el objetivo de mejorar tu rendimiento.

Aunque, como suelen confesar los ciclistas después de una etapa con muchos puertos, al final lo importante es que te respondan las piernas.